El pasado domingo 22 de noviembre, el gobierno de Trinidad y Tobago deportó y envió a la mar a 16 niños venezolanos que habían entrado a su isla ilegalmente. Una situación que generó preocupación e indignación en políticos, organizaciones y más.
Ante esto, y para silenciar las críticas, el primer ministro de Trinidad y Tobago, Keith Rowley, defendió sus acciones a través de su cuenta de twitter y responsabilizó a la Organización de Estados Americanos (OEA) por alimentar la crisis política y social que vive Venezuela al no actuar de una vez por todas «para forzar un violento cambio de régimen en Venezuela», señaló.
“Trinidad y Tobago se encuentra actualmente bajo el último asalto, utilizando personas sin nombre y sin rostro armadas con niños inocentes para tratar de obligarnos a aceptar su entendimiento de ‘la condición de refugiados y los tratados internacionales’, en el que se debe esperar que una pequeña nación insular de 1,3 millones de personas mantenga las fronteras abiertas con un vecino de 34 millones de personas incluso durante una pandemia”, argumentó.
Buzón de Noticias