En enero de este año, la oficina de Control de Activos Extranjeros de Estados Unidos (OFAC) del Tesoro de estadounidense nombró al empresario venezolano Francisco D’Agostino y el italiano Alessandro Bazzoni entre sus sancionados en la a la llamada Lista Clinton de personas y entidades sujetas a castigos de tipo financiero, en este caso por sus relaciones con el gobierno de Nicolás Maduro o empresarios chavistas.
Un reportaje de Armando.info sugiere que tanto D’Agostino como Bazzoni fueron sancionados debido a su relación con la empresa Elemento Oil & Gas Ltd de la que fueron accionistas en su fundación. El caso de Elemento está manchado por la trama de corrupción protagonizada por el por el joven empresario local Joaquín Leal, quien tras pedido de la vicepresidenta chavista Delcy Rodríguez llevaba en encubierto la venta de petróleo venezolano a otros países, eludiendo las sanciones estadounidenses que el gobierno de Venezuela ya tenía encima.
En un reportaje de 2018 en Armando.info, a propósito de que en la filtración de los llamados Paradise Papers, Alessandro Bazzoni se limitó a admitir que era «un asesor» de Elemento y que esta había alcanzado a comercializar nada más que «cuatro buques de Pdvsa entre febrero y abril de 2017». Sin embargo, esto no fue del todo cierto, pues la actividad de Elemento con el petróleo venezolano fue mucho más allá, no solo por la explotación en Monagas, sino en su rol de broker o corredor.
Elemento revendió en abril de 2020 a clientes en Singapur uno de los dos primeros cargamentos de crudo que la empresa llamada Libre Abordo y la red en México de Joaquín Leal levantaron.
Estas irregulares provocaron en 2021 las sanciones contra Leal y sus familiares, y en 2021 las de Bazzoni, D’Agostino junto a otro grupo de empresas y entidades.
Tal como señala Armando.Info, la sanción de Washington se convirtió en la primera confirmación oficial de todas las especies que por años venían circulando en redes y medios electrónicos, que asociaban a D’Agostino con la nueva clase empresarial que ha hecho fortuna por sus negocios con el chavismo y que la voz popular bautizó como boliburguesía.
Sin embargo, el venezolano y el italiano insisten en que desde el 2016 ninguno de los dos forma parte de Elemento Oil & Gas Ltd tras pasar sus acciones a Eduardo Cisneros, nieto del patriarca cubano-venezolano Diego Cisneros y fundador del fondo de inversiones 3B1 Guacamaya Fund LP.
Según afirmaciones de D’Agostino, en septiembre de 2015, poco antes de incorporarse como accionista y director a Elemento, había conseguido una inyección de 30 millones de dólares para el emprendimiento de mano de Eduardo Cisneros, lo que convertía al magnate en poseedor del 50% de acciones de la empresa. No obstante, debido a problemas con el traspaso de acciones que estaban frustrando Eduardo, D’Agostino y Bazzoni decidieron trasladar el resto de sus acciones a Cisneros y fue así como Elemento quedó bajo control de una empresa creada también en Malta por Ricardo Cisneros, padre de Eduardo Cisneros para tal fin, CISA Holdings Limited, homónima de otra de la familia en Panamá, CISA Holdings Corporation.
A pesar de todo esto, la OFAC no dudó en sancionar solo a D’Agostino y Bazzoni como antiguos dueños de Elemento y no a la compañía de Cisneros.
Dentro de todo esto, llama la atención el papel de Eduardo Cisneros, quien es considerado por la agencia Bloomberg como un “explorador” de la devastada economía venezolana en busca de activos para comprar a bajo precio gracias a 3B1 Guacamaya Fund, un fondo de inversiones creado en Florida, EE.UU. y que ha recaudado más de US$200 millones.
Según esta información, el venezolano ya ha utilizado alrededor de US$60 millones de Guacamaya para captar negocios venezolanos, como el fabricante de pinturas Corimón, la primera ganga que provecha Cisneros en su ‘caza’ de activos baratos.
Buzón de Noticias